Hoy es un día extraño. Esta mañana ha muerto una prima de mi
madre, con 61 años. Después de superar dos cánceres, el tercero la ha matado.
Era la prima de mi madre, pero era una de esas personas que
están relativamente cerca en la vida de uno mismo, y en vez tenerla como a la
prima de mi madre, la tenía como a mi propia tía.
Todos os preguntaréis ¿por qué hago una entrada de este
tipo? Unos criticarán ahora por creer que la entrada va a ser de una forma, y
otros criticarán cuando la terminen de leer por ser de la forma que es. La entrada va destinada para todos aquellos que hoy quieran
aprender algo.
La mujer que ha muerto hoy, lo ha hecho feliz. Sé que estaba
en Barcelona, en un hospital y que ha tenido mucho dolor estos últimos 4 días
de su vida; pero sé que ha muerto feliz. Lo sé, porque a lo largo de la vida me
ha dado muchos consejos. El primer consejo fue hace 11 años, a los dos meses de
morir su marido. Su marido murió de leucemia tras 5 años de lucha. Lo que me
dijo ese mes de agosto fue algo muy simple, algo que todos intentamos cultivar
y hacer nuestro, pero que muy pocos logran conseguirlo. Me dijo: “Vive”. Y es
el mayor consejo que nadie me ha dado nunca. Con ello se refería a que todo el
mundo hace planes del futuro, todo el mundo piensa lo que hará cuando termine
la carrera, cuando encuentre trabajo, cuando se jubile, cuando llegue
navidades,… Todo el mundo está empeñado en vivir en el futuro; y el futuro,
siento decíroslo, pero no existe. El futuro es incierto porque nadie sabe cuánto
tiempo es “su futuro”, hacer un plan ahora para dentro de “X” años ¿de qué
sirve? si en ese transcurso puede pasar mil cosas, puede que no llegue, puede
que hayas cambiado de idea, puede que no tengas ganas,… Vive el momento. Vive
el presente. Vive por ti, por el resto y, porque es lo más fácil. Ahora sabes
lo que quieres, ahora sabes cómo piensas,… ¿para qué quieres dejarlo para el próximo
lunes, o para el próximo mes, o incluso para el próximo año? Hazlo ahora,
disfrútalo, y si caes en el camino, si no lo consigues, o si simplemente
mueres, lo harás feliz. Lo harás feliz porque todo este tiempo habrás hecho lo
que querías, no te quedará mucho por hacer en la vida, no te quedará mucho para
ser feliz; porque ya lo estarás siendo.
A mi familiar, le detectaron cáncer de ovarios hace 8 años
(a los 3 años de morir su marido), ella decía que era enormemente feliz, feliz
por todo lo que tenía, por todo lo que hacía, había conseguido todo lo planeado
hasta el momento. Iba a luchar por vivir, por seguir haciendo cosas que le
hicieran feliz; iba a aferrarse a la vida, porque era suya y quería tenerla;
pero si moría en aquel entonces, no iba a llorar por ello. No era una derrota,
porque había tenido la victoria de todos los años anteriores. Superó el cáncer.
Hace 3 años (5 años después de sufrir el primero), le detectaron el segundo,
esta vez un linfoma; y se enfrentó a él igual que al primero, en esos 5 años no
había cambiado su forma de pensar. Y hoy, ha muerto ante el tercer cáncer. Sé
que no se ha ido llorando porque lo ha hecho feliz, feliz por todo lo que ha
conseguido en la vida, feliz por todas las personas que ha tenido en su vida,
por los consejos que ha hecho permanentes en el resto, por el recuerdo que nos
ha creado.
La gente creerá que es una actualización triste, que quiero
compasión o que simplemente quiero transmitir pena. Pero no es así; no quiero
que os quedéis con eso. Quiero que hagáis lo que todos deberíamos hacer día
tras día; valorar donde estamos, lo que queremos e ir a por ello. Los que me
conocen saben que no soy de dejar nada para el día siguiente, ni de hacer
planes para dentro de un mes o dos. Saben que me gusta esforzarme en el ahora,
y creo que es lo correcto, creo que es lo que todos deberíamos hacer.
Deberíamos quitar hoy mismo lo que no queremos en nuestro día y, agarrarnos
fuerte a lo que queremos que perdure. No deberíamos dejar que nadie nos cambie
lo que nos gusta de nosotros mismo, ni siquiera cambiarlo nosotros. Deberíamos
luchar por acabar el día feliz, de tener un buen presente; porque el presente
es ínfimo.
Hoy he sonreído. Lo he hecho porque cuando perdemos algo nos
damos cuenta de lo que teníamos, y es verdad. He sonreído porque me he dado
cuenta a la persona que tenía en mi vida, que hoy se ha ido, pero me ha dado
muy buenos consejos estos años. He sonreído porque estoy feliz por haberla
tenido en mi vida. Y por muy "gore" que os parezca a más de uno, sé que ella
valoraría más esta sonrisa en un día triste, que todas las lágrimas.
Vive, vive ahora.

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