jueves, 26 de septiembre de 2013

Momentos sutiles


Es muy fácil decirle a alguien el camino que debe tomar. Es muy fácil ser objetivo, pensar un segundo y decirle a la otra persona “elije A o B”. Pero como siempre, en la vida, en la naturaleza, e incluso en la felicidad, es muy sencillo elegir en la vida de los demás con nuestros sentimientos. ¿Pero, por qué para elegir en la nuestra, ya no es una tarea tan sencilla? ¿Por qué todo el mundo cree saber definir la felicidad, cuando en verdad no tenemos ni un atisbo de idea de lo que realmente es?

No somos conscientes del día que es hoy. Hoy es uno de septiembre, pero a la vez es domingo. Hoy es el día triste universal. Está estudiado, por muchos sociólogos que los domingos es el día más deprimente para la mayoría de personas (pero ¿qué os voy a decir de las tardes de domingo que no sepáis vosotros ya?), y es que, hoy es el día triste universal, porque también está estudiado que septiembre, sobre todo los primeros días, es el mes en el que más tristes y vulnerables estamos (de ahí que sea el mes de las colecciones de sellos, manualidades, muñecas,… porque estamos sensibles a buscar la felicidad en cualquier cosa y los “grandes” intentan dárnosla).

En esta tarde que se ha unido el domingo, con el primer día de septiembre, es normal que no te sientas la persona más fuerte, ni la que más futuro vaya a tener; al igual, que también es normal, que hayas perdido tu criterio para saber que camino debes elegir, si es que estás en ese momento de la vida. (O incluso pensar en el acierto o fallo del último camino que tuviste que elegir).

Ahora ¿Por qué nos resulta tan difícil definir y elegir la felicidad? Pues porque la felicidad no existe. No existe una felicidad global para todo el mundo, descrita como tal. Muchos dirán “la paz mundial, que no haya hambre en el mundo,… “y mil ideas más, que como ejemplaridad quedan muy arriba, pero como realidad, todavía las tenemos muy en el fondo de ese pozo en el que solo miran una minoría.

La felicidad no existe, porque nadie es capaz de definirla, de saber cuál es su felicidad, de saber cuándo empieza ni cuando termina la felicidad.

Muchos dirán, para mí la felicidad sería ser rico o tener mucho dinero. ¿Pero cuánto es ser rico o tener mucho dinero? ¿Es tener dinero para lo que quieras? ¿Es poder tener una casa con jardín y un coche? ¿Es ser el que más dinero tienes en el mundo? ¿Es tener 20 veces más dinero que el más rico de este momento?... Seguramente a cada pregunta le deis un “si”, pero nadie se ha planteado en su vida, cuando tenga “20.000€” seré feliz. En primer lugar, porque el dinero por sí solo no da la felicidad, y en segundo lugar, porque es lo que piensas en este momento, pero cuando hayas caminado un tiempo, pensarás que los 20.000 se quedan cortos y quieres otros tantos más,… y así sucesivamente, cada vez se nos alejará más la felicidad.

También podemos hablar de la salud. Todo el mundo brinda en navidades por tener salud para saber que va a ser feliz. ¿Pero qué es tener salud? ¿Vivir un año más? ¿No ponerte enfermo en ese año? ¿Vivir para siempre? ¿Qué no te duelan los golpes que da la vida (físicos y emocionales)? Parece que también nos quedamos fuera de ese ámbito. Muchos dirán, pues todo es salud, “yo quiero vivir hasta el último día sin que me duela nada” Pero nadie lo dice enserio, porque si basase su felicidad en eso, desde ya, sabe que está condenado a no ser feliz; pues nadie alcanza una vida larga (supongamos 100 años) sin nunca haber sufrido una enfermedad, un dolor, o simplemente un sufrimiento emocional. Por lo tanto, nos volvemos a quedar fuera, cuando queremos elegir un camino, pensando en nuestra salud (de hecho nadie piensa en la salud a la hora de elegir un camino de futuro). Solo valoramos la salud, cuando la perdemos, y recordamos el momento en que la tuvimos.

Por último, el otro de los grandes que pide la gente para ser feliz; “el amor”. No sé qué os podría contar que no sepáis, o que contaros que yo sepa. Pero ¿qué pedís con amor, el amor verdadero? Muy bien, pues todos empezaremos a pedir el amor verdadero, y todos seremos felices, pero ¿cuánto tiempo? ¿Cuánto dura el amor verdadero? ¿Una noche? ¿Toda una vida? ¿Acaso el verdadero amor es el primero? ¿Es el primer beso? Porque todos decimos verdadero amor, pero no se sabe cuánto tiempo irá unida la vida con la persona que más amor te vaya a dar.

Pero ¿nunca vamos a ser felices? La respuesta es sí. Pero un sí entre comillas, pues como veis, la felicidad no depende de algo existente, no depende de una meta que debamos alcanzar y permanecer en ella, no depende de cogerla, abrazarla y agarrarla fuerte para que no se vaya. La felicidad es algo subjetivo, es algo que permanece en nosotros. La felicidad viene dada en miles de diminutas cosas, que nos vamos encontrando conforme vamos caminando en la vida. Unas de esas cosas durarán un día, otras un año y otras desde el principio hasta el fin. A veces podremos retenerlas poniendo de nuestra parte, otras veces, se irán sin nosotros poder hacer nada al respecto. La felicidad que tenemos no siempre depende de nosotros.

Y en esta conclusión, es donde para mí radica la verdadera felicidad. Todos vamos a tener motivos para estar felices. Todos vamos a tener pequeñas cosas por las que alegrarnos. No sabemos cuánto va a durar, no sabemos cómo podremos hacer para retener esa felicidad eternamente, porque desde el principio sabemos que no va a serlo así. Yo os animo a que agarréis fuerte lo que os hace feliz, a que exprimáis la felicidad todo lo que podáis, aunque desde un principio sepáis que esa felicidad solo va a durar una noche, una vida o un instante. Disfruta de lo que te hace feliz, haz feliz a lo que a ti te hace feliz y vive. Vive ahora. La vida es presente. Todo lo que hagas en este presente (ahora) en un segundo será pasado (antes) y por supuesto, será una buena semilla que tú te has plantado para el futuro (luego).

Recuerda, vive… vive ahora.

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