El pájaro era de África, pero no debes llorar por ese pájaro Paulie, porque pasado
un tiempo olvidó el olor de la selva a mediodía, los sonidos de los ñus en los
charcos y el intenso olor ácido de los árboles ieka-ieka en el gran claro del
norte de la Carretera Grande. Después de un tiempo, olvidó el color cereza del
sol muriendo tras el Kilimanjaro. Al cabo de cierto tiempo, sólo reconocía los
ocasos fangosos y contaminados de Boston, eso era todo lo que recordaba y todo
cuanto quería recordar. Tras mucho tiempo, ya no quería volver y si alguien lo
devolviese a su continente y lo dejase en libertad, sólo sería capaz de
encogerse en un rincón aterrorizado, dolorido, nostálgico en dos direcciones y
desorientado hasta que algo llegase y acabase con él.

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