A veces me siento a esperar la
inspiración. No hago nada especial, solo me siento, miro la pared que está a
45 cm y espero. Siempre he tenido esa facilidad, la de no hacer nada, la de
esperar a que cambie algo alrededor. Cuando era adolescente me venía bien, si
alguna vez discutía en casa, simplemente tenía que entrar en este estado; tras varias
horas, mi madre creía que podríamos dialogar o darme la razón. Ahora, en el
presente, me sirve para hacer un alto en el día. Me paro, no pienso y dejo que
llegue la inspiración en forma de sentimientos. De esta forma se cómo me va la
vida. Si me siento feliz, triste,… la respuesta me llega en forma de
sentimiento. Un sentimiento inspirador.
En ocasiones parece increíble,
pero el tiempo es el mismo para todos. En todas las vidas, todos los días,
durante miles de años, no ha cambiado. Un segundo siempre ha durado lo mismo.
¿Quién sabe si has perdido la
inspiración o el tiempo?
Te pones cara la pared, a los mismos 45 cm de siempre, pero esta vez no llega, esta vez miras alrededor, buscas algo que ni tú mismo sabes que forma tiene. Esperas. Esperas. Pero no lo identificas. Quizás solo era algo temporal, un tren de los que se terminan yendo. Y estaba bien. Servía para desconectar de la libreta a cuadros que es la vida. Servía para sentir ese poder. El poder de los malditos. El poder de las letras.
Te pones cara la pared, a los mismos 45 cm de siempre, pero esta vez no llega, esta vez miras alrededor, buscas algo que ni tú mismo sabes que forma tiene. Esperas. Esperas. Pero no lo identificas. Quizás solo era algo temporal, un tren de los que se terminan yendo. Y estaba bien. Servía para desconectar de la libreta a cuadros que es la vida. Servía para sentir ese poder. El poder de los malditos. El poder de las letras.
